Página Marie Darrieussecq
Entrevista a Marie Darrieussecq por Becky Miller y Martha Holmes (Diciembre de 2001) - traducción de María Paz Pintané

BM.: ¿A cuáles escritores admira? ¿Por qué?

B.M.: Vd. ha dicho, "Escribo el libro que no sé escribir."¿Puede explicar esa afirmación? ¿Quiere decir que la escritura es una aventura, o quizás una forma de asumir riesgos?

B.M.: Vd. ha dicho que quiere "derribar el castillo de naipes para reconstruirlo de forma diferente." ¿Quiere que su escritura siga reglas literarias estrictas, o quiere cambiar toda la institución de la literatura moderna?

M.D.: Es inútil escribir si se sabe por adelantado lo que se va a decir, la forma que se va a seguir. No estaría mas que repitiendo el pasado. Uno puede saber los temas sobre los que escribirá, pero no sabe a lo que jugará en la página, ni cómo las oraciones van a captar el mundo. Me parecen abominables los escritores cuyo objetivo es escribir "como Tchekhov," o "resumir de forma clásica." Yourcenar, por ejemplo. El noventa por ciento de los libros que se publican cada año son inútiles en este sentido o simplemente nocivos: conservadores, retrógrados en la forma sin importar el tema que tratan, inmovilizan la literatura, da a leer basura en vez de -algunas veces más discretamente, pero no siempre-libros necesarios.

Busco inventar nuevas formas, escribir nuevas oraciones, porque es el único modo de darse cuenta del mundo moderno, cuyo movimiento de lo contrario nos sobrepasa incesantemente, permaneciendo ilegible, incomprensible.


Pintura de Alexis Percival en 2001

En este sentido, toda la escritura exploratoria e innovadora es política: incluso aparentemente separada de lo "real,"de "acontecimientos," viste el lenguaje moderno, construye herramientas verbales y mentales que permiten al mundo pensar. Devora los tópicos, corta el fluido vital del pensamiento convencional y de afirmaciones pasadas.

La verdadera escritura va en contra de los tópicos, de los "truismos," que frenan el fluir del pensamiento, arruinan el curso de la vida, entristecen el lenguaje, alienan al hombre y lo conducen hacia la muerte. Esta escritura puede adquirir múltiples formas, desde la más simple hasta la más compleja; en cuanto la habita el autor es esencialmente poética.

Chanchadas, mi primera novela publicada, fue en cierta forma un manifiesto literario: la aventura de una mujer alienada (hasta el punto de no darse cuenta de que era una prostituta) que se libera poco a poco de los tópicos para encontrar su propia voz. La transformación de su cuerpo, significa para ella que ahora, en ese mismo momento, si quiere sobrevivir, tendrá que empezar a pensar. Lo que le ocurre no tiene precedentes, nunca ha sido codificado por nombres comunes. Su experiencia única escapa a los registros sociales. Por tanto, tiene que inventar su propia voz, vivir la aventura del lenguaje, el cual, a medida que avanza el libro y el cuerpo muda de síntoma en síntoma, se enriquece, se complica, tanto en el vocabulario como la estructura, hasta desengancharse de los truismos.

B.M.: Parece que Vd. habla sobre cosas que nadie quiere discutir, o bien ver en uno mismo: angustia, inseguridad, lo insoportable, tabúes… ¿Por qué?

B.M.: Vd. ha dicho que le parecen inútiles los libros que no sean relevantes para leer en el futuro. ¿Todavía tiene la misma opinión? Piensa que un libro no vale nada si no puede seguirnos en el futuro y ser capaz siempre de afectarnos? ¿Hay alguna excepción a esta regla?

B.M.: ¿Por qué le fascinan los fantasmas?

M.D.: Lo que no se ha dicho es lo que hace avanzar la literatura, lo que se explora como una tierra virgen o sumergida. Los fantasmas nacen de lo que no se dice. Los niños son particularmente sensibles a los fantasmas: escuchan el rechinar de las cadenas de los espectros en los áticos, creen en monstruos que habitan debajo de la cama, sienten la agitación de pequeñas criaturas en los cajones… Lo que se les oculta está siempre relacionado con la muerte o la sexualidad: estas preguntas fundamentales, silenciadas, les obliga a estructurar sus vidas haciendo uso de los fantasmas, confiar en la imaginación para clarificar su mundo. Soy, sin duda, una escritora porque en mi familia la gente era muy silenciosa, pero eso no lo explica todo. La literatura fantástica es el miedo a la oscuridad redescubierto por los adultos. Con relación a la escala conyugal, familiar y social, lo que sucede silenciosamente se hace oír de una forma u otra: es un mapa psicoanalítico. Escribir es dar voz a los fantasmas. Ese es también el tema de mi segundo libro Mi marido fantasma. Una mujer inventa su propia voz a través del vacío dejado por su ocupación principal, su marido-otra forma de alienación, una vida conyugal vivida de este modo. Nadie le da lo que echa de menos cuando él desaparece, que es mas que su problemática presencia, es ella misma, sus palabras y su pensamiento autónomo. Las oraciones hablan de angustia, son largas, llenas de comas, con paréntesis, en la búsqueda de la palabra, de la última palabra de la historia… Como en Chanchadas, es una novela sobre el camino hacia la madurez, y es también, entre todos mis libros, mi libro adorado, el más cercano a mí (sin ningún rasgo autobiográfico): el testigo de un período de mi vida muy vivo, por su estructura, su tema, su relato.

Escribo libros psicológicos que van en contra de la psicología. Nunca estoy satisfecha con oraciones como "Me siento angustiada" o "Ella era muy feliz." Estas oraciones han sido elaboradas, llevadas al máximo, a finales del siglo XIX principios del XX, con Proust. Entonces, llega la ruptura con Joyce: como ocurre incluso en el cerebro. Ulysses, entre otros libros, alimentó Bref séjour chez les vivants (Una breve visita a los vivos).

Quiero saber lo que es la angustia, lo que es la felicidad, el mar, un bebé, el interior de las cosas, como si fuera la primera vez que pruebo esas aguas. Quiero decirle al lector: "Mira, siente, escucha: esto es una ola, esto es una mujer que se pierde, esto es un cerebro pensante." Por citar algunos ejemplos, los Impresionistas abrieron los ojos de la gente revelándoles que el mundo está hecho de puntos y luces; el mundo está también hecho de formas vistas desde todos los ángulos: trae el cubismo ante nuestros ojos. El mundo también está hecho de electrones, de microbios, de olas, de planetas... pronto clones, nuevos juegos, nuevos hijos, nuevos olores... Participo permanentemente en el movimiento colonizador. Quiero abrir los ojos bajo los ojos de los lectores, los oídos bajo sus oídos, una piel nueva bajo su piel. ¿Cómo puede ser un libro bueno si no me pide que vea el mundo como si se me presentara por primera vez?

Para este trabajo, uno necesita nuevas oraciones, nuevas formas, nuevas actitudes hacia la escritura.

Mi marido fantasma, el nacimiento de la ficción. Me he liberado de múltiples cadenas al escribirlo. Chanchadas lo escribí en un momento de euforia, con rabia, en seis semanas; Mi marido fantasma fue mi primer libro realmente como "autora," donde la escritura se convirtió en mi trabajo, pasó a ocupar su lugar en mi vida, sin patología, sin impedirme vivir: una carrera, una preciosa carrera. En ese momento, paré de enseñar, acepté ser lo que soy, abandoné a personas… Tenía veintiocho años.

Respirar bajo el agua/ bajo la corriente es el ángulo contrario de Mi marido fantasma, el punto de vista de la persona que desaparece. Necesitaba la tercera persona para expresar la ausencia en la mujer que vuela, la depresión como un mar… Siento un gran afecto por ella, el personaje del "mal mar," lo mismo que hacia el personaje del detective. Es mi libro "perfecto," impecable, cada palabra está medida, demasiado perfecto en cierto modo: no es lo bastante inestable, conmovedor. Me gustan los libros a los que les faltan piezas, que hacen ruido... que quedan abiertos, imposibles de concluir y por tanto, en cierto sentido, siempre necesitados de elaboración. The Charterhouse of Parma sería la reliquia sagrada de estos libros.

B.M.: Hay varios párrafos en inglés en sus novelas, por ejemplo, en Chanchadas y Bref séjour chez les vivants( Una breve visita a los vivos). ¿Habla inglés? Según su opinión, ¿Cuáles son las ventajas de saber un idioma extranjero cuando se es escritor?

M.D.: Estoy a favor de la globalización de la lengua inglesa desde que el Esperanto ha fracasado. Es necesario tener una lengua para que la gente pueda comunicarse, es tan simple como eso. Sucede que por diversas razones, el inglés es esa lengua. Y no es malo que sea de esta forma: el inglés es fácil de simplificar, de universalizar. Evidentemente, el inglés "clásico" ha sido llevado al desorden, como cualquier otra lengua que se habla extensivamente; pero la literatura inglesa escrita en inglés existe, evoluciona, y se puede acceder libremente a Shakespeare en la mayoría de los países del mundo.

García Márquez, creo, ha dicho que el francés es una lengua muerta. Me han traducido a treinta y ocho idiomas; puedo permitirme el lujo de pensar que es una idea justa, provocativa y divertida.

Estoy reaprendiendo Vasco, mi primera lengua, que olvidé cuando tenía dos años. También, puedo balbucear algo de Latín. Puedo hacer que parezca que hablo italiano. Hablo chino de forma rudimentaria. Hablo inglés con fluidez, y también español: por tanto podré sobrevivir, y, en caso de necesidad, preguntar por el camino. Estas tres lenguas son, si no me equivoco, las tres lenguas más habladas en todo el planeta.

Paul Otchakovsky-Laurens, mi héroe, mi editor, tiene una teoría acerca de los escritores: todos los escritores, dice, tienen una relación particular con su primera lengua, en el sentido que la ven como una convención (que podía haber sido otra lengua, otra madre) y no un estado natural (hablo francés sin pensar en ello).

Mi francés está doblado del vasco: una lengua prehistórica, fuera del contexto Indo-Europeo, lengua oral por mucho tiempo, no se parece a ninguna lengua… Incluso se dice que fue la lengua de la Atlántida! De niña, me negaba a hablar vasco, prefería el francés de mi padre, una lengua luminosa y limpia, la lengua de la razón y del amor edípico… El vasco era la lengua usada por las mujeres de la familia, una lengua de brujas, de secretos, una lengua opaca, ronca, y bulliciosa.

En la actualidad, las brujas son las mujeres que escriben (Cf. Duras). Mi abuela solía invocar a los espíritus, y yo conjuro hechizos en el mundo mojando en mi caldero de palabras. Algunas veces veo incluso un poste levantado en mi honor, esperando a que me consuma en la hoguera. Perpetúo la tradición familiar.

B.M.: ¿Por qué comparar a los animales y a los humanos? ¿Qué representan para Vd.?

M.D.: Los animales me parecen divertidos. Nos fuerzan a una metafísica instantánea: ¿Qué es lo que nos separa? ¿Qué nos hace humanos? Este es quizá el tema de mis libros en general. Desde el nacimiento de mi hijo en Abril del 200, la pregunta me parece de crucial importancia.

M.H.: ¿Viaja con frecuencia? ¿Qué países le atraen y por qué? ¿Su escritura está inspirada en sus viajes?

M.D.: He viajado mucho, gracias a Chanchadas y me encanta. Me gusta escribir en las habitaciones de hotel. Me gusta no saber de qué modo debo vestirme, tener que poner la nariz en la ventana para saber el clima que hace. Me gusta viajar de forma rápida, reducir el planeta a una "cabeza de jíbaro." Hay una gran canción terriblemente sentimental de Joe Jackson que recuerdo con ritmo pegadizo cada vez que me subo a un avión:

"Each new arrival closes places in my heart
But in Shanghaïïïï
The color of the sky
After the summer rain
Is something I've never seen
And the wO-O-rld is big again"

Me encantan los grandes hoteles. El servicio de habitación está muy cerca de la idea que me hago de la organización del paraíso. También, un güisqui en el bar de los hoteles internacionales, tan anónimamente como sea posible, después de una larga jornada con editores, lectores, periodistas o gente de la universidad. Es todo lo opuesto a la profesión de escribir, y algunas veces, eso es bueno… Escribir es por encima de todo, estar SOLO.

También he viajado mucho por mi cuenta, de forma diferente, a dedo antes de haber publicado, tomándome mi tiempo, parando por el camino, descansando. Buenos Aires, Patagonia, Tasmania e Islandia han hecho mella en mí, los fines del mundo, esos lugares donde uno puede --vivir cien años-- y todavía estar fundamentalmente en exilio.

Ahora, me quedo con más frecuencia en casa, con mi marido y mi hijo. La vida es corta, precaria y preciosa, y me apetece pasarla con aquellas personas que amo. Estamos considerando vivir por un tiempo en Australia, y posiblemente en las Islas Aleutas... Mi marido es investigador en el campo de la astrofísica, trabaja en el tema de los meteoritos y con frecuencia está en el Ártico y la Antártica. A su modo, también es explorador. Como anécdota, mi ex-marido era matemático. Las ciencias enriquecen mi imaginación, me provee imágenes, metáforas, y ficciones para entender el mundo.

M.H.: ¿Frecuenta el mundo literario? ¿Cuáles son sus proyectos?

M.D.: Mis proyectos de escritura están centrados en El bebé, que aparecerá en Marzo del 2002, (en POL., por supuesto). Novelas, teatro, poesía, y posiblemente, dentro de poco, un ensayo literario (dentro de mi propio estilo). Vivo bastante separada de la escena literaria parisina. Disfruto reuniéndome con dos escritores: Philippe Sollers y Virginie Despentes, y festejando con ciertos poetas de POL: Oliver Cadiot y Dominique Fourcade. He tenido la suerte de conocer a Nathalie Sarraute al final de su vida. "Nunca te dejes hundir," ese es el mensaje que, en pocas palabras, me dejó. Ella era investigadora, una descubridora, llena de agresión, humor y tenacidad.

M.H.: ¿La religión y la política han influido en su vida y/ o en su obra?

M.D.: Reacciono ocasionalmente, si alguien me pregunta, a ciertos hechos. No soy una militante, pero me molesta cuando se pone en peligro el derecho al aborto o el libre acceso a los contraceptivos. Mi obra, mi arma, mi placer, mi papel, es escribir: ni más, ni menos. Sería un error, en este sentido aislarme, dejar de observar el mundo, pero mi profesión no es exactamente comentarlo.

Soy ateísta, feminista y Europea.

Por la noche creo en fantasmas, durante el día soy cartesiana. "Crucé el puente, los fantasmas vinieron a mi encuentro…"(Drácula?)

M.H.: ¿Qué papel ocupa la familia y sus relaciones en el desarrollo de su escritura?

M.D.: Obtuve todos los diplomas que, en Letras, se pueden obtener, sin abandonar nunca mi idea: escribir, escribir fuera del sistema, no convertirme en algo estéril. Fue realmente "esquizofrénico" (aunque no me gusta utilizar demasiado esta palabra). Tengo muy buenos recuerdos de los años que pasé en la Normal Superior (1900-1994), de la libertad total en el centro de París. Años densos en la escritura. Mi madre era profesora de francés (de bachillerato,) mi padre técnico. En mi casa, había una biblioteca muy heterogénea, mis padres leían mucho y de todo. En el pueblo de 300 habitantes donde yo nací, mi mejor amiga, a quien conocí cuando tenía seis años, y que todavía es mi mejor amiga, también estudió en la Escuela Normal Superior, en Matemáticas. No sé si explica esto o aquello, y no creo que sea esencial para la lectura de mi obra. En cuanto al sistema "literario," Goncourt u otro, no he recibido premios. He vivido en los primeros años de mi carrera lo mejor y lo peor, elogios y linchamientos críticos, cartas de amor y de odio, calumnias y propuestas de matrimonio, adoración y celos. Estoy hecha de acero. Tengo treinta y dos años, mucha vida por delante y una pila de libros en mi cabeza.















































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